El limonero se poda en marzo, cuando ya no hay riesgo de helada y antes de que arranque la brotación. Podarlo en otoño, que es cuando la gente tiene tiempo, es el error de siempre: se abre la planta justo antes del frío y cada corte queda expuesto todo el invierno.
Lo que se busca no es bajarlo de altura, es que entre luz y aire al centro. Un limonero cerrado da fruta solo por la parte de fuera y por dentro se va secando. Se quitan ramas enteras desde su nacimiento para abrir huecos; no se recorta la silueta.
Aparte van los chupones: los brotes que salen por debajo del injerto y los verticales que suben del interior. Chupan fuerza y no dan fruta nunca. Se arrancan desde la base, no se recortan, porque recortados vuelven al doble.
Y sobre todo, poco. Un cítrico no se rebaja como un seto. Con quitar lo seco, lo que se cruza y un par de ramas para abrir el centro, va sobrado.
El limonero da fruto en la rama del año pasado. Por eso el que lo iguala por fuera con el cortasetos se queda sin limones y no entiende por qué: ha cortado justo donde estaban.